La manipulación emocional de los hijos. Progenitores sin corazón

 

La manipulación emocional de los hijos por parte de uno de los progenitores – se da tanto en madres como en padres – para poner al vástago en contra del otro, constituye uno de los problemas más graves de los que conllevan las separaciones y, en última instancia, el divorcio. Es una clara incitación en el menor de edad a un odio patológico contra uno de los progenitores, por lo que estas actitudes suponen desviaciones enfermizas que han de señalarse, de cara a que puedan corregirse a tiempo. 

Dicha manipulación emocional de los menores acarrea nefastas consecuencias para las tres personas implicadas en la relación: padre, madre e hijo. El progenitor que fomente este modo de manipulación emocional puede ser perfectamente consciente de sus actos, a modo de estrategia, o simplemente contar con una serie de rasgos personales y actitudinales que le llevan a la manipulación del menor.

Aparte del desgaste que ocasiona en la persona que promueve dicha táctica, los principales perjudicados de este triángulo vicioso son el otro progenitor y el hijo o hijos comunes. Resulta obvio que el antagonismo al que se someterá al adulto extrañado dificultará sobremanera su relación con el hijo sometido y, asimismo, su realización como madre o padre. Se desvalorizarán sus sentimientos y opiniones e, incluso, se boicoteará sistemáticamente su relación paternofilial, en especial las comunicaciones.

El niño afectado desarrolla actitudes maniqueas en relación con uno de los padres. Esta desviación se observa fácilmente en el uso de vocabulario adulto para referirse al progenitor desvalorizado. Dicha circunstancia se traduce en que el niño hable con las palabras del progenitor interesado en la manipulación emocional.

Los hijos son las grandes víctimas, quienes más sufren (aunque, a priori, no puedan discernirlo), en esta relación perversa. Se les despoja de la posibilidad de disponer del apoyo de ambos progenitores, se le resta uno de los sostenes, tan importante en las edades tempranas, sobre el que sí se apoyan la mayoría de sus amigos. Viven en un entorno familiar de extrema dureza. Muy posiblemente, estos desórdenes afectivos influirán considerablemente en el desarrollo psicológico de los menores.

Generalmente, el progenitor manipulador intentará implicar a más personas y miembros de la familia en su estrategia de menosprecio de la otra figura, además de estimular con incentivos y regalos, costumbre que tiende a agudizar sentimientos egoístas y ostentosos en el niño.

Lo óptimo, aunque no siempre ocurre, es detectar a tiempo esta manipulación para poder actuar de forma inmediata. Sin embargo, la realidad es bien distinta.

Por un lado, resulta muy difícil probar esta situación ante los tribunales, y además condiciona psicológicamente el desarrollo de los menores. Por otro, los largos procesos enlazan finalmente con la mayoría de edad de los menores afectados, con lo que se da por concluida la protección sin que o bien haya sentencia o, si la hay, que esta se llegue a cumplir.

Existen numerosas asociaciones y fundaciones especializadas en este tipo de situaciones ya que no se trata de algo residual sino de un problema real y evidente, y por desgracia, bastante común. El reconocimiento de la situación y el acompañamiento por parte de profesionales sensibles a estas circunstancias hará más llevadero el difícil recorrido de los padres implicados y de los hijos afectados.

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