El sentido común, clave para ser un buen abogado de familia

 

Lo primero que hacen la mayoría de los matrimonios que están en crisis y deciden dar carpetazo a su relación es acudir a Google, antes que a ningún otro lugar, para hacerse una idea de sus derechos y obligaciones. Como es lógico, aparecerán infinidad de resultados; páginas y páginas en las que ‘bucear’ para tratar de dar respuesta a cuestiones que van desde lo más básico a lo más enrevesado.

El siguiente paso es buscar un abogado de familia. En Google, los términos para hacer búsquedas de este tipo suelen ser “cómo encontrar un buen abogado de familia”, “cómo encontrar el mejor abogado de familia de la provincia de…” Pero ¿qué requisitos debe tener un buen abogado de familia? Conforme a mi experiencia, los dos requisitos fundamentales que todo buen abogado de familia debe cumplir son:

  • Estar muy especializado es este área del derecho
  • Tener mucho sentido común

Además de cumplir estos dos requisitos, otros distintivos que indican que hemos elegido a un buen abogado de familia son la flexibilidad, la atención que se presta al cliente, la experiencia y la buena práctica en los tribunales.

Por obvio que parezca, tener sentido común es un requisito básico para cualquier profesión. Sin embargo resulta aún más fundamental en las situaciones de crisis matrimonial, puesto que sería posible alcanzar muchos acuerdos que evitasen pleitos si los propios abogados de familia lo aplicásemos más a menudo en el ejercicio de nuestra profesión.

Desde mi experiencia como abogada de familia puedo afirmar que formar parte de un gran despacho, o de uno muy reconocido, no significa ser el “mejor abogado”. Esto no quita para que haya excelentes abogados de familia que son titulares de grandes despachos, así como también hay  estupendos abogados de familia que ejercen por su cuenta, con un conocimiento impecable de la materia, con un gran sentido común y, también importante, con una gran cercanía.

El mejor abogado de familia es aquel que, aplicando el sentido común y sus amplios conocimientos, intenta resolver inicialmente la situación mediante un acuerdo. Cierto es que el cliente es el que tiene la última palabra, pero el deber de un buen abogado de familia es el de asesorar y hacer ver a su cliente que se está equivocando, cuando así sea.

El problema viene cuando el que posee el sentido común es el cliente y el abogado carece de él. Si este factor se une a la falta de especialización en la materia, el resultado será el de años y años de guerra judicial con un gasto económico desproporcionado e innecesario.

Como conclusión me gustaría recordaros que a la hora de elegir un abogado de familia es imprescindible que antes hayáis verificado su especialización, comprobado que tenga experiencia y, sobre todo, que os sintáis cómodos con él.

19. mayo 2015 by Paloma Zabalgo
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