la modificación de un régimen de custodia ante la negativa materna a flexibilizar el contacto paternofilial

El proceso judicial de Miguel y Ana: la modificación de un régimen de custodia ante la negativa materna a flexibilizar el contacto paternofilial

Miguel acudió a nuestro despacho hace tres años por un asunto relacionado con el régimen de custodia de su hija. En consulta nos indicó que tenía una niña de 10 meses y, que su pareja y él llevaban conviviendo cuatro años. Ambos tenían carreras profesionales muy ambiciosas, prestando los dos sus servicios para la misma empresa, con un horario bastante flexible que les permitía encargarse de la menor conjuntamente. Obviamente, cada uno ejercía unos roles distintos, pero se complementaban perfectamente.

Aunque inicialmente en consulta hablamos de una custodia compartida, tras las negociaciones con el abogado de Ana, quien se negaba absolutamente a la custodia compartida, conseguimos llegar a un acuerdo, entendiendo que sería lo mejor para el futuro de la menor, Raquel, y evitar el desgaste y deterioro de las relaciones que produce un contencioso.

El acuerdo preveía la custodia para la madre y un régimen de visitas progresivo con el padre hasta que la menor tuviera 3 años en el que se finalizaría con un amplio régimen de visitas.

La voluntad de Miguel siempre había sido la de compartir el cuidado cotidiano de su hija y poder estar presente en su vida de la misma manera que la madre. Por ello entendía que era fundamental intentar tener una buena comunicación con Ana, evitando litigar, motivo que le llevó a firmar dicho acuerdo, siempre con la idea de que una vez estabilizada la situación de separación, Ana flexibilizaría.

Lo cierto es que antes de que la menor cumpliera 3 años, sufrió un accidente jugando, como le puede suceder a cualquier niño de esa edad. A pesar, de quedarse únicamente en un susto, Ana cortó la comunicación con Miguel, restringiendo todo el contacto entre Raquel y Miguel a lo estrictamente pactado en el Convenio, llegando a impedir acudir al padre a las consultas médicas de la menor y a la posibilidad de hacer un seguimiento médico, entendiendo la misma que era una cuestión de custodia.

Miguel, al ver completamente frustrados sus intereses, acudió de nuevo al despacho con el fin de buscar una solución y evitar que su figura paterna pasara a un segundo plano y se convirtiera en un mero visitador.

Finalmente, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, interpusimos demanda de modificación de medidas. Pese a no ver un cambio sustancial claro, la jueza abrió la pericial psicosocial, a fin de conocer qué era lo mejor para la menor, interés más necesitado de protección.

Miguel estaba muy contento, sabía que los psicosociales de los Juzgados de Madrid son muy partidarios de la custodia compartida. Una vez realizaron las entrevistas con la psicóloga y la trabajadora social, su entusiasmo era mayor: la menor había manifestado que quería pasar más tiempo con él.

La sorpresa llegó con los informes, que concluían que no era adecuado para la menor un cambio de custodia, llegando incluso a manifestar que la menor no se encontraba adaptada al régimen de visitas actual.

Finalmente, en el acto de juicio, conseguimos materializar la falta de objetividad de la psicóloga, llegando a manifestar “que la custodia compartida era una moda”, “que el padre buscaba asumir funciones biológicas maternas”, etc. Por ello, la jueza no tuvo más opciones que ignorar las recomendaciones del equipo psicosocial, acordando lo que entendía más beneficioso para la menor en este momento, una ampliación del régimen de visitas, con un régimen equiparable a una guarda y custodia compartida, con el fin de potenciar las relaciones entre padre e hija.

Silvia Gómez Jiménez

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