3º) El intento de mutuo acuerdo con el abogado del otro cónyuge

Tras las indicaciones de Pedro, me pongo en contacto con mi compañero para poder iniciar las negociaciones. Le comento las pautas que me ha dado Pedro y su intención de llevar a cabo un divorcio de mutuo acuerdo.

Comenzamos a redactar un convenio regulador en el que se deja constancia del régimen de custodia, qué ocurre con la vivienda familiar, cómo se asumirán los gastos de los menores y si se pacta, una pensión compensatoria.

La negociación se centra en la posibilidad de establecer una custodia compartida semanal, así como en el reparto en el disfrute de las vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano. Comentamos las posibilidades de actuación en cuanto a la vivienda y la atribución de un uso limitado a favor de un progenitor durante un tiempo, así como la mejor fórmula para afrontar los gastos de los menores por cada uno de los progenitores.

Ambos abogados y teniendo en cuenta que necesitamos un tiempo prudencial para acordar todas las cuestiones que se han planteado, alcanzamos, según las directrices de nuestros clientes, un acuerdo en el cuidado y disfrute de los niños hasta que alcancemos un acuerdo o bien sea necesario acudir a una vía judicial contenciosa, al igual que acordamos (siempre conforme a los criterios de nuestros clientes) como debe abonar cada progenitor los gastos de los menores y de la casa, intentando evitar conflictos por dichas cuestiones, al continuar viviendo juntos.

En esta situación, y avanzando en las negociaciones, Pedro me comenta que la situación en el domicilio familiar es insostenible, que ambos padres no se hablan, que las cuestiones prácticas como hacer la cena o la comida son realmente difíciles al no querer coincidir ninguno de los progenitores ni siquiera en la cocina, y me indica su voluntad de marcharse del inmueble. Le indico las consecuencias que pudiera tener, y acuerdo con el abogado contrario, un régimen de visitas o estancias de los niños con el padre, con el fin de evitar más conflictos entre las partes.

Debo indicar que el abogado de la otra parte, es un abogado también especializado en familia, con el que además he coincidido en otros asuntos, lo que nos permite a ambos poder ayudar a nuestros clientes avanzando hacia una situación normalizada.

Lamentablemente, la postura de la otra parte (que no de su abogado) hace inviable poder llegar a un acuerdo, y nos obliga a plantearnos una posible demanda judicial.

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