10º) Un año después de la sentencia de divorcio

En general y un año después de la sentencia de divorcio, los progenitores y los niños se han adaptado a la situación regulada en la sentencia, y han conseguido normalizar sus relaciones, algunos más cordialmente que otros, pero informándose y actuando en el beneficio de sus hijos.

En muchas ocasiones escucho que los niños se encuentran muy bien y están perfectamente adaptados, a algunos progenitores les resulta más difícil y todavía puede existir alguna cuestión pendiente entre los propios progenitores, que no les permita avanzar en este plazo prudencial, a una relación cordial. 

Las cuestiones relativas a las comunicaciones con los niños cuando no están con el progenitor, los problemas relativos a la ropa, los deberes que tienen que hacer los niños, etc., son cuestiones cotidianas en las que habitualmente los progenitores mantienen una comunicación fluida.

En todo momento, estoy hablando en términos “generales” y “habituales”, porque siempre hay un porcentaje de progenitores, más reducido de lo que se puede pensar, que mantienen la litigiosidad durante años, con lo cual no solo consiguen perjudicarse a sí mismos, sino a los propios niños, a quienes pueden llegar a generar verdaderos problemas, al someterlos a un conflicto diario y constante. Y no es por falta de adaptación de los propios niños a la nueva situación, sino la falta de adaptación de sus progenitores.

En el caso de Pedro y María, la custodia compartida, les ha llevado a alcanzar esa cordialidad tan necesaria para llegar a pequeños acuerdos en beneficio de sus hijos. Aún a pesar que muchos de estos acuerdos lo sean por una comunicación vía email, significa un esfuerzo personal – porque todavía existen sentimientos encontrados – para salvaguardar a sus hijos de los problemas que todavía existen entre ambos y que no han sido superados. Cuestiones tales como ponerse de acuerdo en cambiarse los uniformes del colegio, el seguimiento de los deberes de los niños, acudir a los médicos en las estancias de cada uno e informarse si le corresponde ir al otro en su siguiente semana, cambiarse fines de semana o días para ir a celebraciones de cada familia, etc., esto es, las cuestiones cotidianas que afectan a los niños, y que, por el bien de ellos, sus padres han sabido conciliar.

Sin duda, la custodia compartida ha sido muy beneficiosa para los hijos e incluso para los propios padres.

20. abril 2016 by Paloma Zabalgo
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